Lunes, 15 de agosto de 2005
Este es el trofeo del primer premio de la 28 edición de poesía de Romanillos de Medinaceli (Soria).
Ayer día 14 de Agosto en un acto sencillo aunque muy emotivo, se me hizo entrega del primer premio de poesía de este año en Romanillos de Medinaceli, por la poesía Tierra de Pan.
Romanillos de Medinaceli, bonito pueblo soriano donde fui muy bien recibido y mejor agasajado por todo el pueblo y muy especialmente, por Carmen secretaria del concurso y su prima que hizo de anfitriona. Ambas se volcaron con nosotros en atenciones y no nos dejaron en ningún momento haciéndonos sentir unos vecinos más del pueblo.
Me acompañaron mi buen amigo Pepe Conde que se desplazó conmigo desde Granada y mi entrañable amigo Agustín, soriano de pro. A este ultimo quiero dedicarle este premio ya que él, es el que me anima a participar en estos concursos.
También quiero dedicárselo a mi esposa que siempre me anima a seguir escribiendo, y a todos mis amigos que son muchos que leen lo que escribo y me animan para que sigua creando.
Gracias a todos, este al igual que el del concurso Pucela es vuestro.
La obra.
La poesía debería versar sobre el campo en todo su más amplio significado. Es por ello que yo escribí la siguiente poesía, pensando en las penurias de aquellos antiguos labriegos que para mantener sus familias, arrendaban tierras a los grandes terratenientes. En ellas ponían todo su trabajo y sus esperanzas. Araban, sembraban, escardaban, abonaban... y rezaban al cielo para que les bendijera con una buena cosecha.
Todas sus ilusiones, la mayoría de las veces, se quedaban en eso, en ilusiones. Cuando nacía bien el sembrado y la primavera era buena, un calor temprano e inesperado agostaba las mieses antes de que pudiese granar bien, por lo que muchas veces solo recolectaban paja.
Sea esta humilde poesía un homenaje a esos hombres del campo que arrastrándose por tierras ajenas fueron capaces de sacar a sus familias adelante.
Nota: La poesía que se mandó al concurso se tuvo que recortar ya que solo podía constar de cincuenta versos.
TIERRA DE PAN
Desiertos de verdes olas,
brisas que el rostro reseca,
primaveras que enamoran
a la laboriosa abeja.
Veranos que traen ardores
a esta reseca tierra,
que solo riega el sudor
del que se arrastra por ella.
Tierra de pan:
Desiertos que en el invierno
todo en ti es muerte negra.
Sabana de mil colores
en alegres primaveras.
Cabellera de oro fino
es en verano la estepa.
Páramo frío y agreste
cuando tu otoño se aleja.
Mies:
Mar que te meces al viento
en el compás de la espera,
te mueves, te mueves, mueves,
en un vaivén que no llega,
cuando la mies en el campo
permanece a la espera.
Espera; a que llegue el segador
con la corva hoz que siega.
Espera; a que la lleven al trillo
que la desgrane en la era.
Espera; a que el viejo molino
en polvo fino la vierta.
Polvo que se amasará en artesa.
Desiertos inmensurables.
Besanas que no se riegan,
sino es con el sudor de aquel
que en ella sufre y brega.
El taciturno labriego,
aquel que la tierra arrienda,
la riega con su sudor,
cuando la ara y la siembra,
cuando la escarda y la siega,
cuando la trilla en la era,
cuando separa del grano
esa paja que almacena.
Grano que será su alimento
en el invierno que acecha.
Paja, que es el sustento de su acémila.
Tierra de pan:
Este labrador sumiso,
mientras tus entrañas quiebra,
va delineando los surcos
donde su semilla entierra.
Tiene; la mirada en el cielo,
la mano sobre la esteva,
en su pecho un suspiro,
mientras, sus labios en silencio
una oración elevan.
Reza al Dios de los pobres
pidiéndole una cosecha.
Tierra que nunca dio trigo
más de aquel que se siembra.
Tierra que no multiplica el grano,
aunque con mimo se atienda.
Tierra que nunca agradece
el trabajo que le echan.
Tierra que nunca ha sido
de aquel que envejece en ella.
Tierra de pan:
Desazones y tristeza,
lloros insomnios y espera,
risas, cantos y enojos.
Sueños, a los que nunca se llega.
Besanas que se han arado,
con amor y rabia ciega.
Tierra que nunca dará
el fruto que de ella esperan
Piélago de verdes olas
eres en la primavera.
En verano eres un mar de oro fino.
En otoño tundra muerta.
En invierno un erial
que la nieve todo llena.
Tierra de pan que dormita
y mientras sueñas esperas
a que venga el gañán
que en tus entrañas entierra
ese grano que será,
mañana, el pan que comer quisiera.
Eres tú Tierra de pan,
la esperanza que le queda
a ese cautivo labriego
que siembra tierras de otro
soñando que un día serán
para sus hijos herencia.
Si no tuviese esos sueños,
que sueña en cama ajena,
en la besana, en la era.
Rompería el timón,
embozaría la reja,
trocaría el grano por sal
para quemar esta tierra.
¡Tierra de Pan! ¿A qué esperas?
¿A qué esperas para granar?
Grana todo lo que puedas.
Que no puedan las paneras
almacenar tanto pan.
Haz que por una vez en la vida,
el sueño de un labriego,
se convierta en realidad.
Por: Antonio Rodríguez Sánchez | Mi Poesía | Comentarios (1) | Referencias (0)